La base del texto que trabajó para este libro le valió al autor obtener una beca de formación en narrativa por el Fondo Nacional de las Artes (FNA)con el prestigioso ganador del Premio Clarín de Novela Leopoldo Brizuela.
Las ilustraciones de la única edición publicada hasta el momento corresponden a Julio Espeche. Esta edición se encuentra agotada.
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INTERRELACIONES CON ESCUELAS:
OPINIONES CALIFICADAS:
Comentario de Hilda García sobre la obra:
«BAJO EL BRONCE», NOVELA DE CARLOS GALLO
Hemos elegido la novela «Bajo el
bronce», del catamarqueño Carlos Gallo por la originalidad del tema, su prosa
despojada y ágil y la destreza en su construcción.
Desde el título, «Bajo el
bronce», se sugiere la ambientación de la obra, pues el bronce es materia de
monumentos, estatuas, placas de homenajes, referencia a grandes acontecimientos
históricos.
El texto ambientado en la
ciudad de Catamarca, muestra dos acontecimientos que movilizaron a esta
sociedad provinciana: la instauración de una pirámide en la plaza en 1830 y la
instalación del monumento al General San Martín en 1915. La novela expone
diversas tragedias como la muerte, el abuso, las privaciones, la vergüenza
pública, el sometimiento de las mujeres, la violencia de género e incluso el
remordimiento de un asesino.
Se abre el libro con el
delineado del contexto histórico que dará marco a la obra. Dice: “El fin de la
efigie conmemorativa erigida en 1830 durante la gobernación de Miguel Díaz de
la Peña, y el paso de la figura solemne, indiscutida de San Martín como el
Padre de la Patria, marcaron una revolución en los corazones de aquellos
catamarqueños ávidos de independencia y autonomía”.
Enmarcada en su
historicidad entre 1830 y 1915, comienza la primera parte de «Bajo el bronce»
integrada por trece capítulos, donde alternan los tiempos y las personas que
relatan los hechos. Es así porque la narración se hace en primera persona, pero
incluye lo que cuenta el personaje de la abuela en relatos enmarcados.
La estructura narrativa se
consolida en la congruencia de dos planos de lectura y de escritura que
reflejan un mismo ambiente social. El juego de los niveles cronológicos obliga
a situarnos en un espacio que son las calles del centro y plaza de Catamarca y
nos invita a incorporarnos en un todo a una historia que registra dos formas de
memoración: la de los mayores y, fundamentalmente la del narrador que en
primera persona refiere los acontecimientos.
El suspenso se instala
desde las primeras páginas cuando las mujeres asumen el protagonismo
confabuladas para resguardar sus bienes de los ataques de los malones que
arrasaban las pertenencias y posesiones de los habitantes de Catamarca por el
año 1830. Alrededor de ese núcleo narrativo se expande una visión de la
provincia en diversos aspectos. Dice: “Corrían los agitados días de 1830. Con
la provincia aprendiendo a gobernarse por sí misma, las mujeres sintieron la
necesidad de hacer algo. Quedaban heridas y maltrechas cada vez que llegaban
los malones. Se sentían despojadas (…) Aquella situación persistió hasta que
las damas de las familias que más habían sufrido la última invasión de los
bárbaros de Facundo Quiroga comenzaron a visitarse. Charla que te charla,
pronto hallaron coincidencias en las penurias”.
Éste es el punto de
partida para desarrollar una historia tramada en dos tiempos cronológicos,
configuración que se hace posible por la presencia de una voluntad constructiva
para fundir dos formas diversas de acontecer. Estas dos instancias narrativas
están unidas por el tema central: un secreto generado por mujeres, que mantiene
la intriga hasta el final.
En cuanto al lenguaje, la
obra mantiene un relato no discursivo sino coloquial que fluye acorde a la voz
de los hablantes y sus características provincianas. Desfilan personajes
diversos como el cura, las mujeres, políticos, variados habitantes de una
comunidad de profundos sentimientos religiosos. Una ciudad tranquila, de la que
el autor registra en su relato gestos, acciones motivadas, el flujo del vivir en
una sociedad aferrada a sus tradiciones, dinamitada por pequeñas historias
cotidianas, donde los sucesos amenizan la lectura.
Situaciones y personajes
inverosímiles dan color y movimiento a la historia. Tal el caso del vetero
Caldomalo contratado para ubicar el tesoro. Dice: “Habrá oído historias de los
veteros que haciendo gala de ciertas técnicas adivinatorias, solían marcar con
relativa precisión el sitio donde debía excavarse para dar con los metales
preciosos (…) se ayudaban con horquetas cortadas de ramas verdes de olivo (…)
según creencias (…) estas horquetas comenzaban a temblar ante la presencia de
objetos metálicos”.
En la segunda parte de
«Bajo el bronce» —compuesta por cuatro capítulos— en una sucesión de episodios
se desanudan los motivos temáticos y los enigmas que giran en torno de los
personajes. Cada episodio es un nudo que se desata resolviendo situaciones
planteadas en la primera parte. Allí los elementos están organizados en función
de la trama y ensamblados en función de la intriga que se sostiene a lo largo
de la obra.
El autor ha organizado un
relato en dos tiempos históricos que ha ficcionalizado y conducido en paralelo
manteniendo el suspenso del tema central: el secreto escondido bajo la estatua
de San martín, alrededor del cual se mueve la vida de una comunidad.




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